miércoles, 11 de febrero de 2009
Soñé tal vez -sin recordarlo me atrevo a soñarlo-, que una madrugada el sol no despertaba. Las alondras y golondrinas cantaban para alentarlo a abrir sus dorados pero el sol insistía en no despertar. Los hombres angustiados se abrazaban unos a otros evitando espasmos y los amantes se regocijaban con sus palabras y hacian el amor con sus miradas y aunque había tanto amor en el mundo el sol no despertaba. Los niños le regalaban sus noches, los abuelos le daban sus vidas, las madres dedicaban sus nacimientos al añorado nuevo sol de medio día. Pero el sol no aparecía. Decidimos abandonar este mundo porque no vale la pena entregar el alma a una causa sin vergüenza.
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