viernes, 11 de abril de 2014

voce e...

En la tarde empecé a escuchar el eco de tus pasos acercándose a mi, pero en la noche había olvidado el dolor placentero de tu pronto porvenir y el placer de saber que estabas mas cerca de mi de lo que yo fingía saber. Esa noche me olvidé de ti, me olvidé de tu aliento, de tu sonrisa, de tu mirada, de tu voz, de ti sin voz. Como amnesia sentimental y repentina, me olvidé de que llegaste a existir mas allá de mis sueños,  porque esa noche supe que no fuiste real y que nunca lo serías, que todo ese amor y ese "dar y recibir" idílico era solo un gesto de dulzura de la vida para calmar mi inesperanza por la perdida de mi fe en el amor.
Es por eso, seudo-amor mío, que ya no espero la noche para verte, para sentirte, para remembrarte; y es la misma razón por la cual plasmo el dolor por tu ausencia en estas pocas palabras que morirán sin ser leídas por ti; es la misma razón por las que ya no soporto, no la vida, sino la vida que viví contigo y que retorna a mi memoria como una rueca a la cual, me niego, se le acabó el hilo. Es tu olvido el que me obliga a olvidarte y a no retornar mas a los tristes recuerdos de anhelos y boleros sin una realidad sorpresiva ni inesperada, sino mas bien demasiado esperada por quienes anhelaban su desgracia.

Ahora te digo nuevamente "adiós amor mío..." y no es posible completar la frase frente a tanta pena y desgracia que no cabría en las páginas de un libro.