domingo, 13 de abril de 2008

Mi atalaya

Quisiera recorrer las laderas y los pastos verdes que parecían crecer de mis manos cuando corría entre los cultivos de aquel sueño. Recuerdo cuando mi alma se escondía tras mi sombra. Era maravilloso encontrarla porque aparecía intacta, casi virgen. Las noches eran largas pero me encantaba porque cada madrugada llegaba una nueva estrella a tocar en mi ventana. Mis parpados eran graciosas alas de mariposas que cubrían mi par de soles. Mi sonrisa renacía cada día porque todas las mañanas la bañaba con el mar y la arropaba con las nubes que llegaban con el oceano. Las almejas me susurraban picardías, los caracoles me contaban secretos mientras los peces batían sus aletas entre los dedos de mis pies. El mar me acariciaba con sus algas pardas mientras mis piernas bailaban con las olas. Las gaviotas me traían noticias de lo que estaba por venir. Cruzaban el infinito y daban una vuelta por mi futuro anulando la sorpresa. Un día les dije que quería saber lo que era sobrevivir. Trataron de detenerme batiendo sus alas incanzablemente pero pudo mas la inquietud de mi curiosidad que la fuerza del viento contra mi voluntad.