jueves, 27 de marzo de 2008

27 de marzo del 2008

Hubo una vez una mujer que solo podía hablar cuando el viento no pasaba. Hubo una mujer que aprendió a amar todo lo que no era terrenal. Una mujer que creía que sus pies le bastarían para andar y sus ojos para mirar. Una mujer que lo unico que escuchaba era el grito del mar.

miércoles, 26 de marzo de 2008

caminando

31 de julio 2006

Hace poco yo vivía en el valle de la luna -donde todo es un desierto y solo estaba mi cuna-. La noche y sus estrellas, las nubes y sus sueños, la vida y su cordura formaban el mar que ahogaba mi locura. Caminando y caminando pisaba todos mis sueños casi siempre mirando al suelo por donde resbalaba uno que otro recuerdo. Las noches eran largas, los días soleados, - pero un buen día no garantiza que venga la felicidad a acompañarnos-.
Un día caminando me encontré con una estrella, me dijo que su vida era una pena; que iba a morir cayendo a la tierra. Quise salvar un pedazo de su estela, pero era demasiado tarde: la estrella cayó muerta en el hoyo de la existencia.

¿Que como nacen los faroles? ¿Que cómo mueren nuestras noches?
¿como nace la esperanza? Como muere la mañana.

Estoy aquí sentada entre las mentes, que cuerdas y dementes evitan siempre el tema de la muerte, y seré una mente mas entre la muerte de las mentes, que cuerdas y dementes se suicidan lentamente.

¿Que cómo nace una mirada? ¿Que cómo nace una sonrisa?
¿cómo nace la alborada? ¿Por qué dan muerte a sus vidas?

Caminando y caminando fui cayendo al abismo: ¿es posible encontrar el final de cada luna?
Cada noche preguntaba a las nubes que pasaban ¿por qué había tanta vida y tanta muerte entre las estrellas que lanzaban? Tristemente respondieron que aquí en el cielo, en la tierra o en el infierno, sea estrella, sea luna, sea nube o ser humano, la vida, la esperanza y la suerte conspiran para que todos creamos que al final está la muerte.