sábado, 26 de julio de 2008

rutina

Tengo en mi memoria la imagen de la mujer que lloraba incesantemente la muerte de su hijo. Recuerdo cómo se descolgaba su cabeza cuando ella trataba de acercarlo lo más posible a su corazón con la intención de cederle sus latidos. No pude soportarlo y dejé mi presente atrás y remarqué mis pasos del pasado. La calle se me hizo simple y tortuosa: un montón de almas detallando el piso levitando con el frío; un millón de sombras y un ladrón de recuerdos al final de ellas. No podía soportar los pasos de la humanidad retrocediendo hacia el peligro. Pasé al lado de un hombre entrado en años con su mano temblorosa y sucia tendida pidiendo caridad. También había una mujer agotada escarbando las bolsas de basura con su hijo prendido de sus harapos, un niño de nos mas de 3 años chupando su mano con los ojos tristes y apagados. No se podía reconocer cuál era el mas viejo de los tres.

Recordé cuántas veces he visto aquellas imágenes en fotos y periódicos extranjeros con fines publicitarios. Recordé que el hambre ya salió de los temas a tratar en la agenda de los que tienen la solución para acabarla de una vez por todas sin necesidad de exterminar a media humanidad. Reviví las imágenes de millones de personas marchando en contra de la indiferencia pasando por encima de las camas de los mendigos, asqueando su olor a hambre y desespero.

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