Aquella mañana despertaste como lo hacías desde que naciste, inclusive desde que me despertabas con tus latidos rompiendo mi sangre. Me saludaste igual a como lo hacías desde que dejaste de ser niño, sin rencor, sin odio, pero con las alas puestas desde antes de levantarte de la cama después de soñar. Me abrazaste con tus manos estan grandes y no tuviste que empinarte para abrazarme al cuello.
Cómo recuerdo tu sonrisa hijo, cuando me mirabas y con tus pupilas me gritabas cúanto me querías, cuando estrechaba tus mejillas ya llenas de barba que tapaban los hoyuelos que acunaba tu sonrisa tímida cuando veías a tu vecinita. Podrán pasar los años, pero en ti seguía viendo a mi niño, al que lloraba cuando no quería tomar la sopa o cuando ya su madre le hacia falta antes de la siesta.
Vuelve, vuelve que aún hay espacio en mi pecho para ti. Estoy dispuesta a entregarte de nuevo la vida que me devolviste al nacer, te puedo armar la cuna en medio de la luna de mis ojos para que duermas tranquilo nuevamente, pero vuelve. Qué mayor dicha para mí sería volverte a escuchar diciéndome "he vuelto…". Me he comido mis cobardes palabras hijo, porque me ilusiono cuando escucho pasos atravesando la puerta pensando que sos vos, pero que es el viento que se burla de mí haciendo crujir las viejas tablas recobrando tus pasos de niño.
y el cabello que tanto amabas…allí esta, viejo, blanco y maltrecho como mis manos y mi frente que cultivan arrugas por tantas angustias que me he guardado en el alma. Aún levanto la cortina de la cocina mientras lavo los platos y alucino viendo tu sombra feroz corriendo tras el viento.
¿Recuerdas hijo? ¿Recuerdas algo de lo que te digo?Daría lo que fuera por escuchar un "si", un "no", o "mas tarde te digo", pero solo ha quedado la brisa de tu ausencia. Tristemente te confieso que ya me he olvidado de tu risa que tanto hacia eco en la casa. Ya las paredes de lo viejas se pusieron sordas y se comieron los recuerdos. Solo quedamos yo y el viejo piso que te recibió tantas veces cuando empezabas a caminar la vida.
Si vuelves, prometo que haré mi mayor esfuerzo por recordar la receta de aquel postre que tanto amabas cuando eras chico y me devolvías el plato casi limpio y estirabas tus brazos que no llegaban mas alto de mi cintura. ¡Fue hace tantos años! Pero si tengo que entregar memorias de mi pasado para recuperar los tuyos, lo haré.
A veces con mi delantal limpio los barrotes y el borde de tu cama. También estiro las sabanas y sacudo tu almohada que entre los meses les va cayendo polvo. Cuando salgo de la habitación freno mis pasos con la ilusión de que llegue tu abrazo de la nada y me amarre por la espalda, y sienta de nuevo en mi oído tu aliento descargando alivio por sentir el olor de mi cabello que tanto te gustaba cuando colgaba por mis hombros y se rizaba entre tus dedos mientras te dormías en mis brazos. En la cocina mientras preparo todo para el almuerzo ¡ahí si que te recuerdo! Extraño tu presencia hijo, cuando me mirabas con tu cabeza descansada en tus manos sin pronunciar palabra. Tu sonrisa me hacia sentir la mujer mas maravillosa del mundo y de todo el universo, y sentía que yo era todo para ti -pero nunca fui egoísta, solo quise que tuvieras lo mejor para ti. Por eso te amé-. El viejo butaco no me ha abandonado ni tampoco aquel regalo de día de la madre que me hiciste en el primer año de escuela y pegaste en la nevera para que yo lo viera apenas volviera. Con el pasar de los años se le han ido los colores igual que a mi, pero ambos te seguimos esperando.
¿Qué hago hijo? ¿Qué tengo que hacer para que regreses? La angustia vive acorralada entre mis manos y mis ojos ya no quieren ver sino esta tu rostro frente a ellos. A la esperanza la he acomodado en la vieja silla que siempre estuvo frente a la puerta. Ya las lágrimas no caen y el nudo de la garganta se ha pasado a mis manos. Los brazos y las piernas me duelen, y los hombros me matan. La casa me da trabajo, pero más me da el mantenerme a mi misma en pie para cuando regreses.
Antes, recién desapareciste, con tu padre te esperábamos porque nos decían que en pocos días te tendríamos de vuelta. Yo me ponía el vestido azul de seda con flores blancas que me regalaste con tu primer sueldo.,y tu padre el traje de paño que usó en nuestra boda. No sé qué pasó. Una noche tu padre colgó el traje detrás de la puerta y allí se quedó.
Las llamadas cesaron. La última vez dijeron que pronto te tendría conmigo. Fue hace nueve años. El vestido lo he guardado pero no te ofendas, se que volverás con previo aviso y ese día te esperaré desde antes del amanecer con mi vestido limpio.
La casa se ha ido cayendo. Hace mucho no se de la fachada.
Al principio le abría la puerta a las vecinas. Pensaba que estaban preocupadas y que eran mis amigas, pero solo venían para saber si era cierto que me había vuelto loca. Decían que pobre de mí, que perdía mi tiempo y mis pocos años de vida restantes esperando a los que nunca iban a volver. Una de ellas dijo que estabas muerto. ¡Tuve tanta rabia!, pero sé con esa intuición de madre que nunca se equivoca que muy pronto estarás en casa.
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