Nunca es tarde para soñar, menos para un insomne.
En medio de las blancas del piano se tejen solemnes plegarias al dios de los silencios mientras el aire atrapa los restos de palabras que zumban en el oído en la madrugada.
A veces los suspiros no se callan, a veces la conciencia no duerme y allí es cuando el hombre quisiera despertar con una sonrisa que asuste al mal pensamiento. ¿Bastará entonces para el arlequín pintar su rostro con miles de fantasias para ser feliz?
Las manos al nacer entrelazan secretos subyugados por el oscuro y sosegado aparecer de las huellas hacia la existencia. ¿Qué guardan? ¿qué misterio guardan las palabras prohibidas para el ser humano cuando abre sus ojos a nuestro mundo? ¿qué miradas guardan nuestros hijos en su alma? ¿qué secreto imborrable guardamos los seres humanos? ¿el juego infinito del tiempo? ¿la sonrisa y confianza de nuestra muerte?
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