Recuerdo su silueta errante cortando el horizonte al atardecer después del abrazo. Mientras se alejaba, pensaba en que su perfil era similar al de a mi madre cuando liberaba suspiros, cargados de deseos encomendados al infinito. Recordé el ambiente de poetas que rodeaba mi casa y su aire, semejante al sonido que producía el aleteo de las gaviotas que ascendían en bandada cuando mi padre despertaba en la mañana y abrazaba la espalda de mi madre que solía estar en la cocina o en balcón.
Mi padre...nunca morirá el eco de su guitarra incansable cuando solía desafiar al silencio. Siempre admiré la firmeza incesante de sus palabras y la habilidad de dibujar con sus canciones el olor a mar lejano, el ritmo incomparable de sus olas y el sonido místico del agua cuando acariciaba las piedras. También pienso en su mirada al cantar. Parecía sin rumbo, como si se perdiera en la eternidad de las huellas en la arena perpetradas en su memoria. Su brillo moribundo y la piel arrugada bajo sus ojos se pronunciaban en cada nota aguda y en las sonrisas cómplices y diminutas, mientras sus manos bailaban en las cuerdas, hipnotizado por la añoranza de aquel mar que envolvía historias y secretos.
Mi padre...nunca morirá el eco de su guitarra incansable cuando solía desafiar al silencio. Siempre admiré la firmeza incesante de sus palabras y la habilidad de dibujar con sus canciones el olor a mar lejano, el ritmo incomparable de sus olas y el sonido místico del agua cuando acariciaba las piedras. También pienso en su mirada al cantar. Parecía sin rumbo, como si se perdiera en la eternidad de las huellas en la arena perpetradas en su memoria. Su brillo moribundo y la piel arrugada bajo sus ojos se pronunciaban en cada nota aguda y en las sonrisas cómplices y diminutas, mientras sus manos bailaban en las cuerdas, hipnotizado por la añoranza de aquel mar que envolvía historias y secretos.
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