Caminando cabizbajo y con su nariz bajo el sombrero iba el viejo por la calle oscura donde el único sonido era el eco de sus pasos. Una mano sobre la otra iban sopesando los sinsabores del abrigo maltratado que no detiene los tropezones con el viento frío y solitario. El hombre respira sin perder de vista el pavimento mientras recuerda sus canas y risas juveniles que se van con el tiempo. Recuerda a aquella mujer sosegada pero al filo del abismo de un querer a la cuál él rechazó.
Recuerda las palabras que quedaron enclaustradas en el alma por temor a que enloquecieran con la libertad y lo abandonaran. Al cruzarse con la niebla no supo salir de ella y dormitó entre sus pensamientos hasta quedar suspendido en su propio silencio.
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