sábado, 16 de agosto de 2008

Dibujo sin saber qué es un trazo,
solo sé que tengo sueños en qué pensar.

Pinto sin saber la mezcla exacta para retratar el brillo del sol despejado a las 5:15 de la tarde,
pero sé atrapar el atardecer de manera que mi emoción nunca lo olvida.

Camino pero no sé el camino,
solo sé que la añoranza es la conciencia del ermitaño.

Siento pero no soy el viento,
solo sé que no puedo ser como él.

Lloro sin ser Magdalena,
pero sé que las alegrías son una metáfora.

Sonrío sin ser animadora de circo,
pero sé que la boca puede ser engañosa.

Amo sin ser Dios,
pero no puedo odiar sin dejar de ser mujer.

Vuelo sin ser pluma en un tejado,
Pero a veces también espero a que llegue el aire y me libere.

Crezco sin ser árbol,
pero puedo volverme pequeña como su semilla.

callo sin ser muda,
pero puedo sacrificar palabras para evitar callar la risa.

Observo sin ser un ave,
pero puedo estar tan cerca del sol como de la caricia.

Vivo sin saber vivir.
Sé que las alas están dormidas en las palmas de mis manos.

Puedo ver en la oscuridad sin ser un gato pardo,
pero puedo escabullirme entre mis párpados y sumergirme en la inmensidad de mi letargo.

Puedo creer sin saber la verdad,
y sé que hay mentiras que ni la picardía puede perdonar.

Juego sin ser un libro de cuentos para niños,
pero sé saltar y correr, especialmente cuando la vida lo solicita.

Espero sin ser el amor,
pero también sé que la espera compite contra el tiempo.

Enlazo memorias pero no soy tejedora,
mas veo pasar los años como hilo entre mis dedos.

Recuerdo pero no soy un libro,
solo sé que el paso de la multitud opaca la memoria como las nubes que abrazan a las montañas.

1 comentario:

Alejandro Rios Peña dijo...

Hermoso... no hay más comentario.

Por cierto,.. ayer fui al punto de la playa de La Perla en la que se internó tan poéticamente Alfonsina Storni cuando supo lo que supo de lo que había por saber cuando uno sabe que se está muriendo más rápido de lo que debería.