Hojas de otoño que caen como milenarias gotas encarceladas en granizos en tardes tristes en las que el sol se esconde tras el hielo y la soledad del invierno. Piel de rostro destrozado por las arrugas de su infierno. Manos sepultadas en la tierra y semillas del tiempo. Palabras que no rozan paredes ni ojos en desasosiego. Cabildo de esperanzas prostituídas a los ciegos. Canto de gorriones que huyen de los siglos. Ritmo en el que las estrellas invaden la mirada del poeta y conquista a su papel. Carácter prohibido por la Sociedad de las Bocas Caídas. Ojos sin luz, sin dueño, sin cuello para mirar al cielo. Virtud sin dueño: casta sin credo.
A ustedes van esas palabras que no existieron.
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