lunes 21 de marzo de 2011

Esperanzas de marzo

Miro con asombro los detalles de tu rostro: tus pesares, tu cálida palidez que se desvanece cuando estás en la sombra y tus cansados pensamientos que se tatúan en tu frente cada vez que los recuerdas. Levanta la mirada amigo, recibe mi mano como tu mirada recibe al sol, atenúa las palabras que retumban en tu cabeza y galopa sin rumbo por el camino descubierto de la vida. Rememora las caricias de un arrullo cuando sientas que es necesario y si te pierdes en un desierto fantasmal alucina con el buen porvenir que está por llegar.

miércoles 9 de marzo de 2011

"Turna tus palabras con los tragos amargos de la discordia. Contame tus caprichos y calma esas ansias por vociferar. Anda, no distraigas la mirada en cosas superfluas: esos son sones pasajeros que así como llegaron algún día se irán. Mirame y concentrate, fijate que la noche es corta y no podemos alargar la vida."

viernes 3 de diciembre de 2010

Caminando cabizbajo y con su nariz bajo el sombrero iba el viejo por la calle oscura donde el único sonido era el eco de sus pasos. Una mano sobre la otra iban sopesando los sinsabores del abrigo maltratado que no detiene los tropezones con el viento frío y solitario. El hombre respira sin perder de vista el pavimento mientras recuerda sus canas y risas juveniles que se van con el tiempo. Recuerda a aquella mujer sosegada pero al filo del abismo de un querer a la cuál él rechazó.
Recuerda las palabras que quedaron enclaustradas en el alma por temor a que enloquecieran con la libertad y lo abandonaran. Al cruzarse con la niebla no supo salir de ella y dormitó entre sus pensamientos hasta quedar suspendido en su propio silencio.

martes 21 de septiembre de 2010

09

Debe existir en el mundo una mañana en la que el sol no esté nutrido de vida. Debe haber una caricia en la noche pasajera en la que no existe el rencor, ni el odio ni ninguna de esas cosas que me hacen pensar hacia dónde van los caprichos del hombre que anda sin caminar, que oye sin cantar, que sufre sin poder llorar. Quisiera conocer la luz del alba antes de que aparecezca un segundo antes de que sea conquistada por la penumbra de la cascada de arboles que enceguecen la motruoria palabra sin sentido y sin retroceso al pronunciarse frente al amor.
Trata de imaginar un ave que no puede volar porque sus alas están amarradas a sus sienes. Trata por un segundo de oler sin decir palabra que lo describa y trata, por un solo segundo de tu vida de hablar sin esperar respuesta a cambio. Siempre el alma está dispuesta a correr hacia donde el viento se lo ordene, pero nunca se detiene a pensar "a qué hora debo volver a casa?".
Canallas, viles palabras canallas sin criterios susceptibles que nacieron y murieron sin sentir en su vida lo que es agachar la cabeza para mirarse los pies y ver hacia qué lado quieren avanzar o si quieren caer.
Qué sentiré cuando el mar me llegue a las rodillas? seré del mar acaso y no quiero verlo?

domingo 5 de septiembre de 2010

Volverás?

Caminando en la oscuridad de la esperanza te busco en un rincón,
sin embargo tu sombra no existe y por tanto tus huellas se han borrado.
Qué debo hacer para encontrarte en medio de tanto bulla?
qué debo hacer para que halles el camino de vuelta?
Acaso te perdiste de regreso a casa?
Acaso ya no quieres vivir en mis noches?
Mañana será otro día en el que amaneceré buscando tu huella,
hoy será otra tarde en la que no sé si volverás.

domingo 31 de enero de 2010

Estado de coma

El frío recorre mis recuerdos. Siento que mueren. Desearía preguntarme qué sucede, pero en realidad no quiero saberlo. El tiempo recorre el infinito mientras veo la sangre correr por las calles, por la sed, por la fama. A veces quisiera no pensar tanto para no caer en el diluvio de palabras en el que se vuelve mi cabeza. Quisiera no saber que existo ni de qué estamos hechos para no preguntarme si algo de esto tiene remedio. El dolor por las almas que corren y no avanzan y por la triste sábana envuelta en el calor de la soledad impía me confunde.
Quisiera no saber que el sol existe para no despertarme cada día pensando en si seguirá despierto. La barba del viejo va creciendo entre los azahares que nacen de sus manos enredada en sus uñas rajadas, sucias, unas cortas otras largas, con cadáveres de moscas que saca de su cabeza. La princesa mira por la ventana. Recién se destetó de la superficie lunar. Ahora crece entre las nubes y la pestañina corrida de tanto llorar. El perro escapa de los autos de la autopista huyendo de la triste manzana que se aprovecha de su hambre y que lo llama implorable, desahuciada, lastimera. Una gaviota se pierde entre las olas, regresa con el viento, recorre el universo con sus alas trasnochadas, se estrella contra la indiferencia de los transeúntes.
Las palabras viven sobre la porquería de las extrañezas, en el fango de los tristes tigres hambrientos. El robusto callejón sin salida es la opción mas cercana para el hombre que se alimenta del desasosiego inclemente de la dulzura.
La sangre no llega a los cordones de mi decencia.
Decapitaron un halcón esta mañana mientras subía a la cima de sus miedos. Quizás fue alguna bengala envidiosa por su fortuna.
La sanguinaria ineficiencia de mi voluntad no me llega a los talones. En cambio vomita perdigones que se desprenden en mi ausencia.
Tengo el sombrío recuerdo de una guitarra malograda y solitaria. Qué será de aquella niña sobreviviente que conocí en el laberinto?

sábado 30 de mayo de 2009

Mayo


Una mujer caminaba espantando razones con su puntapié
buscando enemigos del viento espantando las hojas del otoño que había partido hacía un tiempo;
iba por la vida espantando lirones a su paso,
quitando palabras ignorantes con sus dedos, arrancandose la tierra de las uñas con el mismo fastidio que sentía por la desesperanza de la que se había enamorado su mirada.

Una mujer caminaba espantando las sombras de un amor duradero y pasado,
buscando recuerdos en los rincones para aplastarlos con sonrisas y miradas arrogantes,
intimidando al suelo con su paso firme y ruidoso
y con sus manos aplastando el viento que pretendía estropear el paso que desempolvaba su ira.

Una mujer rescataba sus sueños de las hambrientas garras del olvido
arrancando su vestido y su orgullo para ofrendarlo al averno de sus silencios.

Una mujer corría en contra del reloj
chocando contra las paredes rompiendolas sin importarle sujeto que justificara su existencia.

Una mujer arrasó con sus miedos y descubrió que tambien existía el cielo.